martes, 10 de mayo de 2016

Reseña: Dejarse flequillo, de Silvia Hidalgo

Dejarse flequilloDejarse flequillo
Silvia Hidalgo
PeZsapo | 9788494467226 | 312 páginas | 14€  

Libro autoconclusivo

Soy Jota, tengo 18 años y vivo en un internado desde la noche que a mi mejor amigo y a mí nos dio por estampar un coche en el instituto. Nada grave, pero fue la excusa perfecta para que mis padres me quitaran de en medio y me dejaran aquí para seguir no-resolviendo sus problemas.
Creo en el cine y en el rock. Y si solo pudiera conseguir algo en este mundo, lo único que pediría sería convertirme en el momento inolvidable de alguien, ese momento por el que merezca la pena una vida. Aunque no cuento con ello.


OPINIÓN

No sé si voy a ser muy objetiva con esta reseña. Y aunque nunca se puede ser muy objetiva en esta vida, es que en este caso me ha gustado tanto el libro, que tengo muchas cosas que agradecerle y nada que reprocharle. Bueno sí, una: la montaña rusa de emociones que me ha hecho sentirDejarse flequillo es una historia de personas reales, con preocupaciones mundanas y líos y enredos cotidianos. Lo que hace que la novela destaque es esencialmente Jota, aunque también merecen mención especial el resto del elenco de personajes, tan reales que dan hasta miedo, y la narración tan distendida que posee. ¡Pero vayamos por partes!


Jota se ha convertido sin duda, en uno de esos personajes juveniles que van a quedar para siempre en mi estantería como un referente. Es una chica decidida, independiente y con un sentido del humor muy característico. Esto dota a la narración, siempre desde el punto de vista de la propia Jota, de un matiz muy cínico y distendido. Me ha parecido que tiene una voz muy realista, empleando un lenguaje cotidiano e incluso soltando algún que otro taco de vez en cuando. Creo que es precisamente un punto muy favorable para la novela porque realmente sentí que estaba leyendo las palabras de una chica de diecisiete años, que dice las cosas tal cual las ve y que tiene frustraciones e inquietudes de acuerdo a su edad, y que se expresa con concordancia con todo ello.

Hablando de frustraciones e inquietudes… Aunque Jota deja claro desde un principio que es una chica independiente, también tiene dudas y miedos. A veces siente tanto miedo que sus reacciones, siempre impulsivas, le dejan en situaciones de las que no sabe muy bien cómo salir. Hasta tal punto que la única solución que consigue encontrar es seguir adelante con las circunstancias, y después ver dónde la llevan. Creo que en muchas ocasiones resulta ser un verdadero ejemplo de entereza y determinación, y sobre todo de responsabilidad. A pesar de que miente a sus padres o su pareja, a veces sin tener muy claro por qué, aguanta el chapuzón como puede y es consciente en todo momento de que sus decisiones van a tener repercusiones, las acepta y se responsabiliza de ellas. Me parece un buen modo de dar un mensaje muy claro a los jóvenes, y es que todo lo que hagamos en esta vida, de una forma u otra, tiene repercusión en las personas que nos rodean y es algo que no podemos ignorar. Y por otro lado, esas mismas decisiones van conformando un enredo en la trama muy singular, que junto a las oportunas y sarcásticas salidas de Jota, me sacaron más de una sonrisa e incluso alguna que otra risotada.

Aunque por lo general el tono del libro es distendido, la historia en realidad guarda un trasfondo dramático que trata diversos temas de gran profundidad. Por eso a menudo sentía que me encontraba en una montaña rusa de emociones: tan pronto me lo estaba pasando pipa con las ocurrencias de Jota, y de repente, ¡zas! No pude relajarme ni un momento, así que al final, todo ese contraste por la intermitencia de la risa y el llanto (sí, solté alguna lagrimilla también) terminó provocándome dolor de cabeza del que yo llamo “el bueno”, y una resaca literaria importante.

Ahora bien, como comentaba justo en el párrafo anterior, la novela deja entrever algunos temas sociales y actuales, de entre los cuales me gustaría destacar dos. En primer lugar, quisiera hacer referencia a la famosa y misteriosa carta que encuentra Jota, y que contiene un importante secreto de uno de sus progenitores. Siguiendo un poco el trayecto de la carta, Jota descubre algo acerca del pasado de sus padres que la tambalea por completo. El mensaje de este hilo argumental (no haré spoilers, pero quien lo haya leído o vaya a hacerlo, conseguirá entenderme) para mí resulta fundamental: no podemos traicionarnos a nosotros mismos, como tampoco podemos cortarnos nuestra propia libertad. Bastante tenemos ya con las imposiciones sociales, que ejercen presión en cada decisión que tomamos en la vida, como para que encima nos cerremos la posibilidad de ser felices siendo quienes somos. Y en segundo lugar, la desmitificación del amor romántico y de todos los “rituales” en torno a él, así como de las relaciones sexuales entre jóvenes, que no son más que acotaciones de nuevo sociales que limitan la independencia de las personas, más especialmente de las mujeres. Concretamente (cuidado, posible spoiler) cuando Jota mantiene relaciones por primera vez con cierto individuo. Aunque hace sus divagaciones en torno a lo que es lo “bonito” (como esperar el momento ideal, la persona ideal, etc.), finalmente la decisión la toma en base a lo que siente o le apetece hacer en el momento, restándole la “importancia” (podéis llamarme señorita Comillas en esta reseña) que se suele atribuir por convención social (fin del spoiler).

En definitiva, Dejarse flequillo me ha parecido una novela muy divertida, con una protagonista muy independiente y una historia que consigue atrapar desde el principio, en parte por las ocurrencias de Jota y por todas sus vivencias, que transmiten un importante mensaje. Totalmente recomendado. 

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*Gracias a la editorial PeZsapo.